El engaño del autocuidado

23 de diciembre de 2022

Isis Costa Huelva

Vamos a hacer un ejercicio de reflexión y mirada interior sobre los procesos de autocuidado, si son propios o adquiridos. Si los hacemos por iniciativa propia o porque es lo que tenemos que hacer. ¿Por qué te cuidas?

Comencemos dando rienda suelta a la imaginación. Te propongo dos situaciones:

Mujer, sin depilar es decir en su estado natural, sin peinar, maquillar, en ropa cómoda.

Mujer, sólo pelo en cejas, pestañas y cabeza, maquillada perfecta, un peinado impecable, con un conjunto de ropa ideal.

Sin pensar, ¿Cuál es el primer pensamiento o imagen que se te viene a la cabeza? Seguramente será algo parecido a que la primera es una mujer desaliñada, algo sucia, fea, con un carácter muy agrío, y el lugar donde vive no es muy limpio, incluso hay poca luz. Sobre la segunda puede ser una imagen colorida, ella ríe, se divierte, parece feliz, carácter afable, limpia, muy guapa y el lugar donde vive es luminoso y limpio.

Podríamos analizar cada imagen mucho más, aunque creo que con esto ya podemos ver cómo está instaurada en nuestra mente colectiva esos mandatos de género, mediante los cuales actuamos más de lo que creemos.

Es por ello por lo que insisto ¿Por qué te cuidas? Los mandatos de género y el sistema nos hacen creer que “nos cuidamos” porque nos gusta. Que nos vestimos, maquillamos, arreglamos las uñas, etc, como algo que hacemos conscientemente y por elección propia. ¿Te has parado un momento a ver desde dónde haces todo eso? La ansiedad que te crea. La frustración por no llegar a lo que “supuestamente” tienes que llegar. La culpa por no hacer lo que “deberías” hacer (el ejercicio que debes, la alimentación que debes, el cuerpo que debes tener, la pareja, la familia, el trabajo….)

Analizar cada uno de los aspectos es un trabajo largo y que grandes mujeres profesionales de género y feministas hacen y ante las cuales yo ni me atrevo a nombrarlos. Pero sobre el que sí voy a analizar un poquito más es sobre el mercado alrededor del cuidado de la piel y su engaño:

El mercado de la cosmetología mueve más dinero que el armamento.

Esta formado por una pandilla de señores que hacen lo que mejor saben hacer, mantenernos sometidas.

Los fundamentos y la publicidad que nos lanzan son memeces con palabrejas muy estudiadas que logran el objetivo de que sigamos comprando.

Su objetivo principal es que compremos sin parar, no que las pieles estén sanas.

Hay un círculo muy perverso entre la cosmetología, la dermatología y la farmacología.

Entramos de cabeza en la espiral del “cuidado de la piel”, normalmente etiquetando nuestra piel en un tipo (grasa, seca o mixta) y desde ahí comienza el camino sin fin de un producto tras otro, de un tratamiento estético tras otro, cada uno con nombre más raro y diferente. Y ¿Qué pasa? Que tu piel es machacada, estresada y dañada bajo el estandarte del cuidado. Entramos en las “rutinas” de aplicarnos productos sin ganas, sin saber, pero “hay que hacerlo” y desde la desconexión integral de todo nuestro ser, pues ahí seguimos.

Y te preguntarás cómo que escribo todo esto si me dedico al cuidado de la piel…jeje.
Resulta que lo que yo propongo nace desde la consciencia, el amor y el conocimiento.
El método que yo te propongo tiene tres herramientas fundamentales:

la primera, porque tú eres la protagonista del cambio y de tu autocuidado. Desde la información sin medias tintas, desde la conciencia de lo que haces, desde el reconocer a tu piel, sentirte, tocarte, desde que sea un espacio tuyo, que te apetezca.

Los productos porque son únicos. Creados por una mujer analista química, Fito terapeuta y naturópata que no deja de formarse y formarnos y que es la única que está plantando cara al mega sistema cosmetológico planteando que la piel se trata de otra forma.

Mi acompañamiento, como elemento diferenciador, en todo tu proceso, sin límite de tiempo y totalmente gratuito. Porque todos los seres humanos tenemos las mismas estructuras de piel, pero cada una de las personas vivimos momentos vitales diferentes y la piel es nuestro semáforo y por ello es tan beneficioso poder disponer de una terapeuta corporal que te ayude en cada momento.

Desde este lugar no hay engaño, desde este lugar que te ofrezco hay serenidad, información, salud y acompañamiento.
¿Hablamos? Te escucho
Isis.